Los sentimientos cristianos de la empatía

Los sentimientos cristianos, nos deben mover a preocuparnos por comprender y acoger al otro, en sus sentimientos, deseos y acciones, desde dentro, desde el corazón, experimentando al otro desde nuestro propio ser, sin juzgarlo. Dice André Malraux: “Si comprendiéramos ya no podríamos juzgar”. En esta línea, San Pablo nos pone en la sintonía de la empatía cristiana:

“Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan. Alégrense con los que están alegres, lloren con los que lloran. Vivan en armonía unos con otros. No devuelvan a nadie mal por mal, y que todos puedan apreciar sus buenas disposiciones. Hagan todo lo posible para vivir en paz con todos (Romanos 12, 14-18).

La  empatía  cristiana nos debe llevar a tener  un gran respeto, a una buena amistad e intimidad con el otro, metiéndonos en la situación del otro, con el espíritu de Jesús, sobre todo con los que viven duras realidades:

Con los niños y  jóvenes que viven en ambientes hostiles. Ante las crecientes desigualdades que crecen en el mundo. Las  víctimas de la violencia, como son los huérfanos, las viudas, los desplazados a la fuerza. Las discriminaciones por motivos étnicos, religiosos, políticos, culturales.

Estamos llamados a ser empáticos con los ojos del corazón, para comprender al otro en su totalidad y en su profundidad. La regla y la norma para ser empático son los ojos del corazón. Solo los ojos del corazón pueden hacer posible que podamos ver a Dios en el otro y sentir de verdad al otro, y poder identificarnos con su tristeza y alegría, con su dolor y gozo. Eso nos lleva como cristianos, poder ser buena noticia para el otro y terreno propicio para el anuncio del Reino de Dios, y para contagiar y contagiarnos del espíritu de Cristo. A eso nos debe llevar todo nuestro ser empático, a dar a conocer a Cristo. Nuestra manera de comprender y sentir debe hacerlo visible. En la  empatía no caben los prejuicios, las prevenciones, los rótulos, lo que cabe es suavizar las irritaciones y todos los condicionamientos nocivos que nos permitan entrar en sintonía con el otro.

La empatía cristiana es y debe ser una buena actitud,  que nos permita explorar  más y mejor nuestro campo espiritual e intelectual, conociéndonos y conociendo más al otro. Actitud que nos debe enseñar a  acercarnos al  otro sin uñas y sin lija; llenarnos de una excelente riqueza humana, para la convivencia y para el trato diario, a fin de tener una convivencia  altamente humana. Conociendo  el corazón humano no  podemos llenarnos sino solo de sentimientos buenos, muy empáticos.

Cultivemos en nosotros el campo de las virtudes humanas, como medios empáticos, manifestado en los valores humanos, en las virtudes teologales y en las virtudes cardinales. Son ellos el núcleo principal en donde nos relacionamos con intimidad. Dice un Proverbio Indio:

“Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino.”

La empatía, tiene su agudeza. Nos da también la capacidad de poder ver la malicia y las malas intenciones del otro. Diría, que esto para  personas cristianas debe ser  oportunidad  para sembrar evangelio. Todos sabemos que el egoísmo y la mezquindad siembran aridez. Fertilicemos el campo de Dios en ese terreno.

La empatía debiera ser una tarea en la que todos debiéramos incursionar, para aprender  la destreza de la comunicación, en un proceso pedagógico de escucha y compenetración, en la que sea posible la afectación mutua  que permita que  se realice el objetivo deseado. Los cristianos por misión debiéramos ser empáticos.

No olvidemos vivir como un  arte cristiano la empatía, pero a la manera como nos exhorta Pablo en la carta a los Romanos. En otras palabras, la empatía cristiana es derroche de finura, de respeto y de delicadeza humana y espiritual, a fin no solo de comprender sino de construir.

Gregorio José Sejín Rodelo.mxy

 

 

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