La misericordia en “Mi testamento Espiritual”

Desde que celebramos el año de la misericordia todos hemos intentado orientar e iluminar nuestra acción pastoral y nuestras diferentes responsabilidades, con la rica y oportuna luz que esta bella celebración eclesial nos propone, siguiendo, para ello, las indicaciones del Papa Francisco. En ese sentido, se hace también necesario ver de qué manera la experiencia particular de la misericordia puede refrescar y dar nuevos ánimos a nuestra espiritualidad y a los procesos y compromisos de vivencia interior que todos nos esforzamos en seguir.

Es la razón por la cual hemos intentado escudriñar los escritos de “Mi testamento Espiritual” de Monseñor Miguel Ángel Builes, tratando de ver qué novedad puede aportarnos su lectura y meditación en el ambiente del Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

Esta tarea sería aparentemente vana y parecería un esfuerzo inútil cuando, al leer los diferentes capítulos y numerales del librito, constatamos que el tema de la misericordia no es objeto de ninguna de las meditaciones presentadas por el Fundador en toda la obra.

Sólo de manera indirecta hace alusión Monseñor Builes a la misericordia, citando a Santa Teresita cuando habla y exalta la grandeza del “Amor Misericordioso” del Padre (numeral 31); o cuando sugiere confiar en la infinita misericordia de Dios para que el alma, aún con sus pecados, aspire a la unión perfecta, íntima y santa con Cristo (numerales 52 y 71).

Pero si bien el tema de la misericordia no es abordado explícitamente por El Fundador en Mi Testamento Espiritual, su lectura podría darnos algunos elementos  para comprender mejor el misterio de la misericordia del Padre y la manera de adentrarnos en su vivencia.

Lo primero que podríamos anotar es que toda actitud de misericordia hacia el otro, (contraria a la actitud de indiferencia frente al que sufre), brota de una experiencia en la intimidad del corazón, nace en el interior de nosotros mismos, mientras que la segunda actitud (indiferencia) es consecuencia de la distracción del corazón en las superficialidades y apariencias del mundo exterior.

Esta anotación es interesante, en tanto que el Testamento Espiritual, comienza con un serio llamado a vivir el encuentro con Cristo en nuestro propio interior, y lo desarrolla a lo largo de todo su contenido. Es el llamado al “vivir por dentro” que tanto martilló el Fundador en sus enseñanzas, único espacio en el que pueden surgir verdaderos sentimientos de misericordia.

Efectivamente, La experiencia de la misericordia y la acción misericordiosa del ser humano, se hacen vivas cuando permitimos que la realidad del dolor y de la miseria humana, lleguen hasta nuestro interior en una dinámica de “vivir más de fuera hacia adentro que de dentro hacia afuera, es decir, en constante movimiento hacia el interior” (MTE N° 2). Al contrario, cuando nosotros hacemos que esas mismas realidades de dolor y miseria humanas vayan solamente desde nuestro interior hacia el exterior, no transmitimos misericordia sino solamente sentimientos de solidaridad que no tocan la intimidad y que cuando se expresan pueden terminar en meros actos de asistencialismo o paternalismo frente al que sufre. Así, la intimidad con Cristo, que nos reclama El Fundador, es el espacio propio para la genuina experiencia de la misericordia que se da y que se recibe.

Esto explica por qué el mundo de hoy tan difícilmente expresa misericordia quedándose sólo en actitudes solidarias frente al dolor del hermano: porque vive demasiado disperso en su exterior y poco recogido en la intimidad de su ser.

La solidaridad, por ser un sentimiento hacia el exterior,  puede desaparecer cuando aparecen frustraciones o decepciones de la parte de aquellos hacia quienes se es solidario. La misericordia, por ser una experiencia de intimidad, no desaparece nunca, ella permanece a pesar de los obstáculos y dificultades, decepciones y contradicciones. La solidaridad responde a una necesidad puntual con una acción puntual, la misericordia tiene un espacio inmensamente más amplio: unidos a  Cristo, nuestras obras adquieren un valor infinito.

La solidaridad es expresión de la “santidad ínfima” y de la “santidad media”. La misericordia es expresión de la “santidad heroica” (Cfr. MTE # 20).

“Hay dos etapas en el camino de perfección: la intimidad con Jesús y la identificación con él” (MTE # 23). Es en el transcurso de ese camino donde brotan como de una fuente los sentimientos de verdadera misericordia. “Cuando el alma ha logrado identificarse con Jesucristo, es a una con El. Lo que es de Jesucristo es de ella; lo que El siente, piensa, desea y busca, eso siente, piensa, desea y busca el alma” (MTE # 31). Es así como la misericordia del Padre llega a nuestros corazones, y de ahí, se transmite a nuestro prójimo. Lo que nos confirma que sin la intimidad con Jesús que lleva a la identificación con él, es imposible adquirir y expresar verdaderos sentimientos de misericordia.

La verdadera misericordia sólo se vive cuando nuestro ser se va identificando y busca irse transformando en Cristo. “Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo… “(Fil 2, 4 ss).

La invitación del Papa no es a ser “solidarios con el mundo” sino “Misericordiosos como el Padre”, y en ese interés, es esencial darnos cuenta que una cosa es ser simplemente solidarios y otra verdaderamente misericordiosos. Y entender que para lograr lo segundo es absolutamente necesario llegar al fondo de nosotros mismos donde podemos vivir con El, identificarnos con El, y tener los mismos sentimientos con El. Y en ese sentido, Mi Testamento Espiritual  conduce por el camino correcto.

Germán Mazo M. MXY

 

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