Cuatro indicaciones claves para continuar con nuestra historia

1. “Que sean religiosos, que vivan en comunidad para que no los envuelva la corriente del dinero y de la comodidades del siglo. Que tengan, si no votos, al menos una promesa… que sean santos aunque sean pocos; pero le reitero mi recomendación: Hágame misioneros santos o no me haga nada”. Pio XII

Este ideal sigue vigente. No solamente para quienes somos sacerdotes y hermanos, sino también para nuestros laicos y para todos los que formamos la gran familia IMEY. La encíclica Redemptoris Missio, nos ha recordado: “La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad. Cada misionero lo es auténticamente, si se esfuerza en el camino de la santidad. ‘La santidad es un presupuesto fundamental y una condición insustituible para realizar la misión salvífica de la Iglesia’ (Christi fidelis laici, 17). La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión….el renovado impulso hacia la misión ad gentes, exige misioneros santos” ( R.M. 90).

Seminario de Misiones, Yarumal

2. “Que germinen numerosos santos con la ayuda de Dios, con la intercesión de San Francisco Javier y de Santa Teresita del Niño Jesús y bajo la protección de la bienaventurada Virgen”. Mons. Miguel Ángel Builes

Este fue el sueño del Fundador… No dice numerosos misioneros, sino numerosos santos! Es claro que un celoso misionero “hasta el sacrificio”, como él quería, se convierte en un santo. Y debemos reconocer que hemos tenido y tenemos numerosos misioneros santos! No perfectos, pero sí santos, así no estén en “los altares”; santos “de bodega” como los llama el P. Manuel Valencia, pero santos!

3. “Colombia, América toda, la China, el Japón, la India el África, el mundo entero… he ahí a donde se dirigen las miradas los futuros misioneros de Yarumal”. Mons. Miguel Ángel Builes.

El Fundador mientras vivió, no tuvo la dicha de ver salir sus misioneros fuera de Colombia. Pero su sueño hoy lo estamos cumpliendo: América toda, África, Europa, Asia. Somos Misioneros ad gentes, no solamente porque estamos fuera de nuestras fronteras patrias, sino porque todos y cada uno de los misioneros tenemos nuestras miradas puestas, allá donde el Reino de Jesús aún no está presente y porque los que estamos aquí, a través de la oración, del apoyo moral, espiritual y económico hacemos posible nuestro carisma ad gentes.

4. Nuestro fin específico, según el espíritu de las constituciones número 4: “Entregarse a la actividad misionera entre aquellos pueblos y culturas que no conocen a Jesucristo y entre ellos a los más pobres”.

No encontramos javerianos en los centros urbanos haciendo pastoral de conservación en grandes parroquias o cuidando santuarios o en barrios y sectores de altos estratos. Es de nuestro carisma, estar con los más pobres y al lado de ellos. Esta ha sido una constante a través de nuestra historia y por fidelidad al carisma, deberemos mantenerla.

Libardo Castaño A. mxy

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