Jesús Emilio Jaramilo, Profeta y mártir de la paz

Beato Jesús Emilio Jaramillo mxy

Apartes de la declaración del martirio Congregación para la Causa de los Santos

  Martirio material

El 2 de octubre de 1989, el Siervo de Dios Jesús Emilio Jaramillo Monsalve regresaba a su residencia, tras haber realizado la visita pastoral a la parroquia de Fortul. Viajaba en un automóvil puesto a su disposición por el párroco de Fortul. En el vehículo, junto al Siervo de Dios, viajaban otras cinco personas: el sacerdote Helmer José Muñoz, delegado diocesano de pastoral; el sacerdote León Pastor Zarabanda, párroco de Puerto Rondón; el sacerdote Rubín Rodríguez Salinas, párroco de Fortul; el seminarista Germán Piracoca; y la secretaria de la parroquia de Fortul, Claudia Rodríguez.

En torno a las 15.30 horas, el vehículo fue interceptado por tres hombres armados cuando atravesaba un puente sobre el rio Caranal. Éstos preguntaron quién era Mons. Jaramillo, y le indicaron que debía acompañarlos, asegurando que la única finalidad era que se hiciera portador de un mensaje para las autoridades civiles.

En el vehículo partieron el Siervo de Dios, los tres secuestradores y el sacerdote Helmer Muñoz, quien conducía.

Los cuatro ocupantes del vehículo que habían sido liberados fueron recogidos por un camión que pasaba. Mientras que el seminarista y la secretaria regresaron a Fortul, los sacerdotes León Pastor y Rubín Rodríguez permanecieron en la zona, pues los secuestradores habían asegurado que liberarían al obispo entre las 18.00 y las 19.00 horas.

Los tres secuestradores se identificaron como miembros del “Frente Domingo Laín Sanz” del Ejército de Liberación Nacional (ELN), una organización terrorista de orientación marxista.

Por el camino, el Siervo de Dios señaló a los secuestradores que los sacerdotes y los obispos querían el bien del pueblo, que la violencia no era la solución de los problemas, y que él mismo se ofrecía como mediador. Tras ello, el Siervo de Dios inició el rezo del rosario, tras lo cual él y el sacerdote Helmer Muñoz se confesaron mutuamente.

Sobre las 18.30, los secuestradores hicieron detener el coche, y obligaron al sacerdote Helmer Muñoz a marcharse. Como éste se resistía, el Siervo de Dios le pidió que lo hiciera por obediencia. Los captores dijeron que podría regresar a recogerlo al día siguiente, sobre las 8 de la mañana. Entonces el Rvdo. Helmer Muñoz se alejó, y pasó esa noche en la localidad cercana de Brisas de Caranal.

Al día siguiente, 3 de octubre, dicho sacerdote regresó al mismo lugar, y encontró el cadáver del Siervo de Dios, con los brazos en cruz y el rostro desfigurado por los numerosos disparos.

La autopsia determinó que el fallecimiento se produjo sobre las 19.00 horas del 2 de octubre, causada por “dos heridas en la región escapular derecha por arma de fuego”. Los funerales se celebraron el 5 de octubre.

El “Frente Domingo Laín Sanz” del ELN emitió un comunicado reivindicando el homicidio. Sin embargo, en noviembre de 1989, temiendo una reacción adversa tanto a nivel nacional como internacional, el Congreso del ELN censuró el asesinato del Siervo de Dios.

Por cuanto hasta aquí se ha afirmado, consideramos que en esta causa se puede considerar probado el martirio material.

  1. Martirio formal “ex parte Servi Dei”

El Siervo de Dios era consciente del riesgo que sufría, pues había sufrido diversas amenazas y era objeto de calumnias, si bien él continuó ejerciendo su ministerio sin ningún temor.

Mons. Rafael Arcadio Bernal, su sucesor al frente de la diócesis, declaró que el Siervo de Dios, uno o dos años antes de la muerte, ya había manifestado ante el Comité Permanente del Episcopado Colombiano que era consciente del riesgo, pero que no quería abandonar el ministerio encomendado.

Esta conciencia del peligro se evidencia singularmente en la carta que escribió a Mons. August Peters el 29 de septiembre de 1989, precisamente cuando se disponía a realizar la visita pastoral a Fortul, donde encontraría la muerte.

A pesar de que pudo huir, refugiándose en Bogotá, él rechazó esta opción. En conversación con la esposa del testigo Luis Fernando Arango González, el Siervo de Dios afirmó al respecto:

«Ese es mi rebaño, yo tengo que estar allí […]. El deber mío es estar con mi grey, y en ningún momento puedo renunciar. Si he de morir ahí, tendrá que ser así, porque Dios lo quiere»

Algunos testigos señalan que el Siervo de Dios, en el contexto de retiros espirituales al clero y a seminaristas, afirmaba que era necesario prepararse espiritualmente para el eventual martirio. Así, de la documentación procesal se evidencia una clara disposición al martirio por parte del Siervo de Dios. Aceptaba esta eventual muerte con amor y confianza en la Providencia.

Los testigos del secuestro afirman que el Siervo de Dios se mostró sereno ante lo que ocurría. El Siervo de Dios se preparó al martirio mediante la oración del rosario y la celebración del sacramento de la Penitencia, durante el trayecto que le llevaba a la muerte.

La vida ejemplar de este Siervo de Dios, confirmada por todos los testigos, constituía el presupuesto para la aceptación del martirio. Las pruebas subrayan sus virtudes cristianas y religiosas ejemplares, y concuerdan en que el martirio fue la coronación de tal vida virtuosa

Por todo ello, consideramos que en esta causa se puede considerar probado el martirio formal ex parte Servi Dei.

  1. Martirio formal “ex parte persecutorum”

El asesinato del Siervo de Dios no se produce en un contexto de persecución religiosa generalizada, como ocurre en otros casos estudiados por la Congregación para las Causas de los Santos.

El Ejército de Liberación Nacional (ELN), autor del homicidio del Siervo de Dios, es una organización guerrillera de orientación marxista-leninista y pro-revolución cubana. Muchos de sus miembros, entre los que se encontraban sacerdotes, hacían una fusión entre marxismo y cristianismo, interpretando el Evangelio en clave de reivindicación social de carácter marxista, hasta el punto que consideraban que el mensaje evangélico exigía la acción revolucionaria. Uno de sus miembros, el sacerdote Camilo Torres Restrepo, afirmaba que “el deber del cristiano es hacer la revolución”. Este grupo terrorista rechazó siempre cualquier posibilidad de diálogo con el gobierno.

En el comunicado por el que reivindicaba el homicidio del Siervo de Dios, el “Frente Domingo Laín Sanz” del ELN señala que

«se decidieron a luchar contra toda forma de explotación social, económica e ideológica, es decir, a combatir contra la burguesía, el imperialismo y todas sus estructuras de dominación dentro de la cual destaca la iglesia como símbolo de explotación y de alienación ideológica por medio de la cual ha sometido la oligarquía a todo el pueblo colombiano a través de los siglos y desde la llegada de los españoles cuando evangelizaron a nuestros indígenas a punta de espada, lanza y escopeta»

La Positio insiste en el hecho de que el Siervo de Dios intentaba mantener siempre una actitud equilibrada, condenando tanto la ideología y métodos de la guerrilla como la ineficacia del gobierno. Al tiempo que impulsaba iniciativas para resolver la situación precaria de sus diocesanos, denunciaba la situación de pobreza extrema de la región.

El Siervo de Dios rechazó todo intento de instrumentalizar el mensaje evangélico y la acción eclesial. Consideraba que la Iglesia no podía posicionarse en favor de una clase social concreta o de una ideología política, sino que su único interés era Cristo y el ser humano. Por ello, en la citada circular afirma con rotundidad:

«Nuestra Iglesia no está comprometida con el Gobierno, con los políticos, con los petroleros. Ni se deja instrumentalizar por ninguno de ellos. Su compromiso sacrificado es con el hombre, visto en el prisma de Cristo. Por eso hemos dicho en varias ocasiones: apoyamos al gobierno en la medida en que busquen soluciones a los problemas de los cristianos; apoyamos a los políticos, en la medida que dejando de lado sus intereses personales, busquen los de la comunidad; apoyamos a las petroleras, en la medida en que hagan programas sociales y no busquen únicamente su enriquecimiento»

Así pues, si bien el asesinato del Siervo de Dios no se produce en un contexto de persecución religiosa generalizada, en la diócesis colombiana de Arauca sí que pueden verificarse manifestaciones de fuerte aversión contra la Iglesia y sus ministros, es decir, contra aquellos que los guerrilleros consideraban “iglesia reaccionaria” o “iglesia de la oligarquía”, opuesta a la así denominada “iglesia popular” e “iglesia revolucionaria”.

Sobre la fama de martirio

La Positio muestra que el Siervo de Dios goza claramente de fama de martirio, ya que, según la declaración de los testigos procesales, su asesinato fue consecuencia de su fe y de su acción pastoral, y por no aceptar que se instrumentalizara el mensaje evangélico.

Esta fama se hace manifiesta en las personas que se acercan a rezar al lugar del asesinato, en la numerosa participación en los aniversarios de la muerte.

Esta fama se extendió entre quienes lo conocieron, y se fue difundiendo y acrecentando, singularmente en Arauca y en otras regiones de Colombia.

Algunos de los testigos procesales han admitido así mismo el recurrir a la intercesión del Siervo de Dios con el fin de obtener favores celestes, mostrando así una cierta fama signorum.

Conclusión

Para que el martirio sea reconocido como tal, es necesaria la presencia probada de tres elementos: la constatación de la muerte del Siervo de Dios (martirio material); que la muerte haya sido infligida por odio a la fe (martirio formal ex parte persecutoris); y que haya sido aceptada por amor a la misma fe (martirio formal ex parte Servi Dei). Junto a ello, deberá también verificarse la existencia de una fama de martirio extendida entre una parte notable del pueblo de Dios.

Por las pruebas aportadas, y por todo lo anteriormente indicado, no hay dudas sobre la presencia de los elementos necesarios para que pueda ser reconocido el martirio del Siervo de Dios Jesús Emilio Jaramillo Monsalve.

Un pensamiento sobre “Jesús Emilio Jaramilo, Profeta y mártir de la paz

  1. LUIS JORGE GERENA VIRVIESCAS

    Habiendo sido parte del seminario en mi juventud de 1951 a 1959 y conociendo personalmente a Monseñor Jesús Emilio Jaramillo, hoy Beato, quien fuera mi superior general, me siento muy feliz y orgulloso de haber pertenecido a su grupo de misioneros.

    Les deseos muchos éxitos con las bendiciones de nuestro Beato.

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