Los Yukpa del Perijá cazadores, recolectores, agricultores

Hna. Flor Barrera, Misionera Luarita entre los Yukpas

Hna. Flor Barrera, Misionera Luarita entre los Yukpas

En los últimos años, gracias a la acogida generosa del obispo de Valledupar, Mons. Oscar José Vélez Isaza cmf, y de las Misioneras de la Madre Laura,  los Misioneros de Yarumal, hemos acompañado temporalmente, algunas de las comunidades indígenas que habitan en el resguardo Socorpa en la Serranía del Perijá. Hemos encontrado un pueblo acogedor, alegre, que lucha por la supervivencia de sus tradiciones, de su cultura y de su raza, en estas montañas colombianas.

Territorio y territorialidad

El territorio Yukpa es de 34,156 hectáreas que representa una fracción mínima del área ancestral del pueblo, en la parte septentrional de la cordillera oriental de los andes colombianos, en la Serranía del Perijá principalmente. El pueblo indígena Yukpa se localiza principalmente en los resguardos de Socorpa, territorio con una extensión de 25.000 hectáreas localizadas en el municipio de Agustín Codazzi, y en el resguardo Iroka, que tiene 8.678 hectáreas y está ubicado en el municipio de Becerril. Estos dos resguardos limitan con Venezuela al oriente con el municipio del Paso y la Paz (Cesar) al occidente, con el municipio de Manaure al norte; y con La jagua  epicentro de la explotación carbonífera más duradera del país.

Las tierras de los resguardos del pueblo indígena Yukpa son de bosque seco tropical y bosque subtropical, de escasa vegetación, con una temperatura que varía entre los 18 y 24 ºC. Los resguardos yukpas tienen dos tipos de suelos: aquellos que son aluviales aptos para la agricultura y se ubican en las partes bajas del territorio expuestos a inundaciones y los que están en las partes altas del territorio, que tienen pendientes y están expuestos a la erosión.

Un poco de historia

Antes de la llegada de colonos, los Yukpa fueron un pueblo sedentario que se movilizó en un amplio territorio comprendido entre los territorios del actual departamento del

Cesar y la margen derecha del lago de Maracaibo en la actualidad (Venezuela).

Desde la llegada de los primeros conquistadores, sus prácticas y cultura cambiaron drásticamente debido a la llegada del explorador alemán Ambrosio Alfinger (1532), y sus soldados, quienes desataron contra ellos una violenta persecución que, en un breve lapso de tiempo, exterminó a gran parte de la antigua nación Tupe.

El contacto con las misiones capuchinas durante el siglo XVIII y XIX y el avance de la colonización los presionó para buscar refugio en las partes altas de la serranía de Perijá, donde limitaron su acceso a tierras fértiles y productivas para el sustento. Esta situación hizo que los indígenas buscaran sus formas de sobrevivencia como asalariados y comerciantes, lo que ha alterado drásticamente sus tradiciones.

Los indígenas Yukpa son tradicionalmente cazadores, pescadores, recolectores y agricultores de maíz, prácticas a las que reciente y progresivamente han optado por incluir técnicas de agricultura con el fin de subsanar la situación alimenticia, ya que los cambios culturales que se han mencionado, han provocado la disminución de las actividades antiguas de subsistencia.

Cultura material e inmaterial

Para los Yukpas, el mundo se construyó con ayuda de una araña, con quien tejieron de forma circular, como una telaraña de 8 líneas. Cada línea de este tejido representa una etapa del pensamiento evolutivo del hombre que es un proceso progresivo que culmina con el surgimiento de la cultura Yukpa en la tierra.

En la cosmovisión Yukpa se concibe el mundo a partir de dos soles que ascienden en el universo. Paphs, creador de los yukomásk’mutsha se comunica con los espíritus, y

sópasha, es el principal de guardián del territorio (Consejo Superior de la Judicatura)

El pueblo Yukpa habla español y su lengua materna, la Yukpa Jepreria, siendo uno de los dos pueblos que hablan alguna lengua Caribe, a la cual se refieren como la más particular de las lenguas indígenas Caribe, con muchas diferencias de las demás, por lo que se ha formulado la hipótesis de que tal vez se separaron de otros grupos indígenas

de la misma familia (Instituto Lingüístico de Verano, 1994). (Con datos del Ministerio de Cultura)

Evangelización

La evangelización de estos pueblos data de los siglos XVIII y XIX de mano de los misioneros Capuchinos quienes recorrieron estas montañas y sembraron las semillas del Evangelio. Hace 50 años, la misión fue encomendada a las Misioneras de la Madre Laura, quienes a lomo de mula, y a pesar de la agreste geografía de estos territorios, recorren estas montañas, acompañando estas comunidades, defendiendo su territorio y sus derechos, enseñándoles a leer y a escribir y mostrándoles el rostro amoroso de un Dios que los quiere mucho.

La lucha por la vida

Esteban Cañola Q. mxy
Estudiante de Teología

El encuentro con las culturas no deja de sorprendernos; quienes hemos dedicado nuestra vida a la misión, no tenemos cómo agradecerle a la Iglesia el profundo enriquecimiento que nos ha prodigado el evangelizar comunidades muy primitivas que han heredado de sus antepasados las más loables tradiciones ancestrales, que por ningún motivo de la postmodernidad deben desaparecer así sufran cambios en el devenir histórico. Es el caso del baile tradicional Yukpa.

En el municipio de Becerril-Cesár, límites con Venezuela, se encuentra la Serranía del Perijá, un paraíso que descansa en el anonimato y en la feliz coincidencia de su difícil acceso; allí viven los indígenas Yukpa, una etnia que ha recibido poca influencia del «watiya» como ellos llaman a los que no son indígenas,  y caracterizada por el uso actual y constante de las «paletillas», lo que nosotros conocemos como flechas.

Cada vez que nace un niño yukpa, es un motivo de fiesta para todo el pueblo indígena. Durante 3 días y 3 noches toda la comunidad — con los ánimos que provee la chicha de maíz— se vuelca a bailar. Todos pueden beber (niños, adultos y ancianos) excepto los padres del niño, que deben dedicarse a cuidarlo y percatarse que no falte el alimento para todos. El último de estos 3 días, quien cumple la función del padrino, sale a bailar con el niño homenajeado en su espalda, después de haberle dado a probar sus primeras gotas de chicha.

Inmediatamente, la comunidad entera se desplaza a hurtar todas las posesiones de los padres del niño; quedan sin mercado, ropa, animales, ollas y todo cuanto sea de su propiedad. Los padres y el neonato deben empezar su vida desde cero. Ésta quizá es una de sus creencias más profundas: sólo crecen fuertes los niños que han sido «bailados» porque desde pequeños experimentaron el sufrimiento y crecieron con carencias. Éste es el objetivo magno del baile, otorgar fortaleza a quien consideran hijo de toda la comunidad.

¡Cuánto nos enseñan éstos pueblos ancestrales! Mientras se hace común en nuestra cultura la frase: «yo lucho sin descanso para que mis hijos tengan lo que yo no tuve»; nuestros hermanos mayores — los indígenas— nos gritan con su vida, que las carencias son formativas y nos llenan de fortaleza para no fracasar en la vida ante la primera dificultad que se presente.

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